Pocas películas merecen tanto la etiqueta de «experiencia» como Possession (1981), del director polaco Andrzej Żuławski. Empieza como un drama de divorcio, se convierte en thriller de espías y termina en territorio de horror lovecraftiano, sin que en ningún momento sepas exactamente qué estás viendo. Durante años fue una rareza prohibida; hoy es una de las películas de culto más veneradas del cine europeo.
Contexto: una herida convertida en película
Possession es una coproducción entre Francia y Alemania Occidental, rodada en el Berlín Oeste de 1980, todavía partido por el Muro. Żuławski, que escribió el guion junto a Frederic Tuten, concibió la película mientras atravesaba un divorcio doloroso, y esa rabia personal se siente en cada plano. El reparto lo encabezan Isabelle Adjani y Sam Neill, acompañados por Margit Carstensen y Heinz Bennent.
La película se estrenó en el Festival de Cannes de 1981, donde Adjani ganó el premio a Mejor Actriz. En Reino Unido, sin embargo, corrió otra suerte: fue incluida en la lista de los video nasties, las películas censuradas y prohibidas durante el pánico moral británico de los ochenta, y circuló mutilada durante años.
De qué trata (sin destriparlo del todo)
Mark (Sam Neill), un agente que regresa de una misión, descubre que su esposa Anna (Isabelle Adjani) quiere el divorcio. A partir de ahí, su comportamiento se vuelve cada vez más errático y violento. Mark contrata a un detective para seguirla, convencido de que tiene un amante. Lo que el detective encuentra desborda cualquier explicación racional: Anna guarda un secreto monstruoso, literalmente.
El argumento, contado así, suena casi a melodrama. Pero Żuławski lo filma como si fuera una crisis nerviosa colectiva. Los personajes gritan, se golpean, se contorsionan; la cámara nunca se queda quieta y la puesta en escena empuja todo hacia lo grotesco. Hay además un elemento de doble: Mark conoce a una maestra que es idéntica a su esposa pero opuesta en carácter, y Anna parece estar gestando una versión «perfecta» del hombre que necesita. La película se llena de espejos y reflejos, como si cada personaje estuviera siendo desdoblado por la propia ruptura.
Análisis: el cuerpo como campo de batalla
Possession funciona como una metáfora febril de la ruptura amorosa. Todo lo que normalmente queda contenido en un divorcio —la histeria, el asco, el deseo, la división del yo— Żuławski lo hace explotar hacia afuera. La criatura que Anna esconde no es solo un efecto de monstruo (diseñado por el legendario Carlo Rambaldi, el mismo de E.T. y Alien); es la encarnación de su deseo y de su otro yo, una versión de sí misma que nadie podrá poseer.
El centro absoluto de la película es la interpretación de Isabelle Adjani. La célebre escena del túnel del metro, en la que su personaje sufre una especie de colapso convulsivo y aborto sobrenatural en un pasillo subterráneo, es uno de los momentos más extremos jamás filmados por una actriz. Adjani entrega el cuerpo entero a un estado de descomposición emocional que da miedo de ver, y que según ella misma la dejó marcada durante años.
Żuławski filma todo con cámara nerviosa, encuadres torcidos y actuaciones llevadas al límite de lo soportable. No es «realista» en ningún sentido convencional, y ahí está su poder: Possession reproduce el clima emocional de una relación que se destruye, no su lógica.
Conviene insistir en el papel de Sam Neill, a menudo eclipsado por Adjani. Su Mark no es el héroe racional frente a la histeria femenina; es un hombre igual de descompuesto, posesivo y patético, que pasa de la negación al control enfermizo. La película no toma partido: ambos cónyuges se destruyen mutuamente, y la criatura monstruosa es el fruto literal de ese veneno compartido. Berlín, dividida por el Muro, funciona como metáfora geográfica de la pareja partida en dos: una ciudad gris, vigilada, incapaz de reunirse.
Tampoco es casual la presencia de lo político. Mark trabaja como espía, hay hombres con gabardina vigilando, referencias a estructuras de poder invisibles. Żuławski, que había sufrido la censura en la Polonia comunista, impregna la película de una paranoia ambiental que excede lo doméstico. Possession habla de un matrimonio, pero también de vivir bajo vigilancia, de identidades fracturadas y de la imposibilidad de habitar un mundo dividido. Esa densidad de capas es lo que la mantiene viva: cada visionado encuentra una lectura nueva.
Por qué importa y dónde verla
Durante décadas, Possession fue casi imposible de ver en su versión íntegra, lo que alimentó su leyenda. En 2014 la editora Mondo Vision lanzó una restauración en 2K con la versión sin censura, y en 2021 Metrograph Pictures estrenó una restauración en 4K que la devolvió a los cines, ampliando enormemente su público.
El estudioso Bartłomiej Paszylk la definió como «una de las películas de terror más enigmáticas e intransigentes de la historia del cine», y cuesta discrepar. Possession no se entiende: se atraviesa. Si te interesa el cine que usa el horror para hablar del amor, el deseo y la locura, esta es una cumbre absoluta. Eso sí, prepárate para salir agotado.











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