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Inflación y gastronomía: El método de conservación que recupera hasta un 30% de las mermas en restaurantes

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En el actual ecosistema económico de México, donde el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) en alimentos muestra fluctuaciones constantes, la gestión del inventario ha dejado de ser una tarea administrativa para convertirse en el pilar de la supervivencia financiera. Para chefs ejecutivos y dueños de restaurantes, carnicerías y servicios de catering, el enemigo número uno ya no es solo la competencia, sino la merma.

Estudios recientes del sector HORECA indican que un restaurante promedio desperdicia entre el 4% y el 10% de su materia prima antes de que llegue al plato. Sin embargo, la implementación de tecnologías de conservación de alimentos al vacío está permitiendo a los negocios más eficientes reducir estas pérdidas hasta en un 30%, transformando desperdicios en utilidad neta.

El costo invisible del desperdicio alimentario en México

Cuando un corte de carne premium o un lote de quesos se oxida en la cámara de refrigeración, la pérdida financiera va mucho más allá del costo del producto. Se tira a la basura el costo del transporte, la energía eléctrica utilizada para refrigerarlo y la mano de obra del personal que lo procesó. Este «costo invisible» drena la liquidez de las PyMEs gastronómicas.

La estrategia para blindar la rentabilidad no es comprar más barato y sacrificar calidad, sino extender la vida de anaquel del producto existente. Aquí es donde las ventajas de la conservación de alimentos con bolsas al vacío juegan un rol crítico: al eliminar el oxígeno, se detiene el reloj biológico de la descomposición, permitiendo compras por volumen a mejor precio sin riesgo de caducidad inmediata.

La ciencia detrás de la descomposición: Oxidación y bacterias

Para entender la solución, hay que entender el problema. Los dos principales agentes que deterioran los alimentos frescos son la oxidación lipídica (que causa rancidez y cambio de color en las carnes) y la proliferación de bacterias aeróbicas.

Ambos procesos requieren oxígeno para ocurrir. Al retirar el 99.9% del aire mediante una cámara de vacío y utilizar un empaque de alta barrera, se crea una atmósfera donde estos procesos se inhiben casi totalmente. Sin embargo, un error común en las cocinas es creer que cualquier bolsa plástica sirve para este propósito.

¿Por qué la congelación tradicional quema el producto?

Guardar alimentos en el congelador usando bolsas de polietileno estándar o papel film provoca «quemaduras por congelación». Esto ocurre porque el aire frío y seco extrae la humedad de la superficie del alimento, formando cristales de hielo que rompen las fibras musculares de la carne.

Para evitar que esto suceda y garantizar que el producto mantenga su textura original al descongelarse, es vital seguir consejos para evitar fugas de aire, asegurando un sellado hermético que proteja la integridad celular del insumo.

Tecnología de Alta Barrera: La diferencia entre una bolsa común y una técnica

No todos los plásticos son iguales. Una bolsa de supermercado es permeable al oxígeno a nivel molecular; aunque esté cerrada, el aire entra microscópicamente. La tecnología necesaria para la industria alimentaria requiere materiales coextruidos, típicamente una combinación de Polietileno (para el sellado) y Nylon (para la resistencia mecánica y barrera).

Los profesionales deben distinguir entre las diferentes características y tipos de bolsas al vacío. Mientras que una bolsa gofrada es ideal para máquinas externas domésticas, las empacadoras de campana industriales requieren bolsas lisas de alta densidad que soporten la presión negativa extrema sin deslaminarse.

El papel del nylon y el polietileno en la protección de cárnicos

En el manejo de proteínas con hueso (como T-bones o costillas) o mariscos con caparazón, la resistencia a la punción es fundamental. El uso de polímeros avanzados evita que el empaque se perfore durante la manipulación y el transporte.

Además, la seguridad alimentaria es innegociable. Es imperativo utilizar únicamente bolsas de polietileno de grado alimenticio, libres de Bisfenol A (BPA) y metales pesados, certificadas por organismos como la FDA, para garantizar que no haya migración química hacia los alimentos, especialmente en ambientes ácidos o grasos.

Cómo elegir el calibre correcto (micras) para evitar fugas

Uno de los fallos más costosos en la operación diaria es el uso de un calibre incorrecto. Una bolsa muy delgada se romperá en el almacenamiento, mientras que una excesivamente gruesa elevará los costos innecesariamente.

Entender la relación entre el grosor y la resistencia es clave. Consultar una guía completa de calibres y micras permite a los gerentes de compras seleccionar el espesor exacto (por ejemplo, 70 micras para embutidos vs. 100 micras para carnes con hueso), optimizando el presupuesto de insumos no perecederos.

Casos prácticos: Del empaque primario al Sous-vide

La tecnología de vacío ha trascendido la conservación para convertirse en una técnica culinaria. El Sous-vide (cocción al vacío a baja temperatura) permite estandarizar la cocción de proteínas, garantizando resultados perfectos y consistentes, algo vital para cadenas de restaurantes.

Sin embargo, no todos los insumos reaccionan igual. Saber qué alimentos se pueden envasar al vacío y cuáles requieren precauciones especiales (como los vegetales crucíferos que emiten gases) es conocimiento técnico indispensable para evitar accidentes operativos y desperdicios en la línea de producción.

Proveeduría local: La ventaja de los fabricantes nacionales ante la crisis logística

Finalmente, la rentabilidad también depende de la cadena de suministro del propio empaque. Durante los últimos años, la dependencia de consumibles importados de Asia ha provocado quiebres de stock en muchos negocios mexicanos.

La tendencia actual favorece el Nearshoring de insumos. Trabajar directamente con una fábrica de bolsas de plástico en México elimina intermediarios, reduce tiempos de entrega y permite la personalización de medidas para ajustarse a las porciones exactas del menú, reduciendo el plástico sobrante y optimizando el costo por unidad empacada.

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