La película «Obsession» ha irrumpido en el panorama cinematográfico como una propuesta audaz y polarizante. Aplaudida por su mezcla de terror y comedia negra, así como por su innovadora puesta en escena, esta ópera prima de Curry Barker ha cautivado a muchos. Sin embargo, detrás de su brillantez técnica, se esconde un discurso que ha encendido el debate sobre sus posibles implicaciones misóginas y el tratamiento de sus personajes.
Un Fenómeno de Bajos Recursos con Impacto Profundo
«Obsession» no es una película cualquiera. Su aparición en festivales de renombre como Sitges la posicionó rápidamente como una de las revelaciones del año. Con un presupuesto sorprendentemente modesto de apenas 750,000 dólares, el filme logró lo impensable: construir una atmósfera inquietante y a la vez hilarante, demostrando que la creatividad puede superar con creces las limitaciones económicas. Este debut de Curry Barker es un claro ejemplo de ingenio narrativo.

El éxito de películas de bajo presupuesto en el género de terror no es nuevo; títulos como «El proyecto de la Bruja de Blair» o «Paranormal Activity» sentaron precedentes. «Obsession» se suma a esta tradición, utilizando sus recursos limitados para maximizar la tensión y el humor negro, dejando a la audiencia al borde del asiento y con una mezcla de risas nerviosas y escalofríos que pocos esperaban.
La Trama: Un Deseo Peligroso y sus Consecuencias
En el corazón de «Obsession» reside una premisa perturbadora: Bear, un hombre aparentemente inofensivo, utiliza un objeto sobrenatural —claramente emparentado con la legendaria «Pata de Mono» de W. W. Jacobs— para forzar a Nikki a enamorarse de él de manera enfermiza. Este deseo altera radicalmente la voluntad de Nikki, sumiéndola en un estado de obsesión incontrolable hacia Bear, quien, a su vez, se convierte en el manipulador de una situación que rápidamente escala hacia el abuso.
La «Pata de Mono» es un tropo clásico del terror que advierte sobre los peligros de desear lo imposible y las consecuencias inesperadas de alterar el destino. En «Obsession», este artefacto se convierte en el catalizador de una relación tóxica, donde el control masculino sobre la mujer se manifiesta de la forma más literal y aterradora. Lo que comienza como un anhelo romántico se transforma en una pesadilla de sometimiento físico y emocional, explorando los límites de la moralidad y la autonomía personal.
El Punto de Vista del Abusador: ¿Crítica o Refuerzo de Estereotipos?
La principal controversia de «Obsession» radica en su elección narrativa: la historia se cuenta casi exclusivamente desde el punto de vista de Bear. Esta decisión es delicada, especialmente cuando el protagonista es un abusador. A diferencia de filmes como «American Psycho», donde la perspectiva del villano sirve para una crítica mordaz de la psicopatía y el consumismo, en «Obsession» la representación de Bear es más ambigua, y ahí radica el problema.
El director Curry Barker opta por retratar a Bear como un individuo tímido e inofensivo, cuyas acciones parecen surgir de la incapacidad para manejar el caos, no de una maldad inherente. Esta caracterización busca generar empatía por el abusador, incluso presentando eventos como la muerte de su gato para justificar su sufrimiento. El público es, de alguna manera, invitado a sentir lástima por Bear, quien se ve desbordado por las consecuencias de sus propios deseos.
Mientras tanto, Nikki, la víctima, es relegada a un papel de antagonista velada, un mero mecanismo de guion para el sufrimiento. La cámara de Curry Barker la muestra en situaciones degradantes, desde noches de pesadilla hasta arrebatos de lucidez que la llevan a autolesionarse o cometer crímenes. Un momento particularmente chocante la muestra orinándose, un detalle que subraya la denigración de su personaje y refuerza la sensación de que las mujeres son las que llevan la peor parte en esta narrativa.
Este tratamiento de Nikki, que la reduce al tropo de la «novia loca» o la mujer desquiciada, desvía la atención del abuso original de Bear y lo presenta como una víctima de la situación que él mismo orquestó. La película coquetea incluso con la idea de la «sumisión química» al usar el consumo de MDMA como una justificación para las acciones de Nikki, lo que complejiza aún más el discurso y puede interpretarse como una minimización de la responsabilidad del agresor.
Un Final Ambiguo y su Mensaje Final
El desenlace de «Obsession» acentúa estas preocupaciones. Mientras que un personaje secundario, Ian, muere de un disparo instantáneo, Bear experimenta una «muerte dulce», expirando por una intoxicación de medicamentos con una sonrisa. Este final, que podría interpretarse como el pago de un precio, resulta problemático al ofrecer una resolución casi pacífica al abusador, en contraste con el calvario continuo y la degradación sufrida por Nikki.
La película, en su intento de explorar las complejidades de la obsesión y el abuso, parece tropezar con su propia ejecución discursiva. Lo que podría haber sido una crítica incisiva a las conductas misóginas se transforma en un relato que, involuntariamente o no, refuerza clichés dañinos y diluye la responsabilidad del agresor. Este aspecto es el que impide a muchos espectadores disfrutar plenamente de una obra que, en términos de dirección y actuaciones, es innegablemente potente y original.
En última instancia, «Obsession» se erige como un estudio de caso fascinante sobre las intenciones y las interpretaciones en el cine. Es una película que desafía, provoca y obliga a la reflexión, no solo por su audacia formal, sino por las preguntas incómodas que plantea sobre cómo se construyen las narrativas de poder y victimización en la pantalla grande. Su legado será, sin duda, el de una obra talentosa pero profundamente divisiva.










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