El legendario cineasta Steven Spielberg, una de las figuras más influyentes en la historia del séptimo arte, ha vuelto a alzar la voz en defensa de la experiencia cinematográfica en salas. A pesar de la creciente popularidad de las plataformas de streaming y el consumo de contenido en casa, Spielberg insiste en que ver una película en la pantalla grande es un evento insustituible que fomenta la comunidad y la conexión humana, algo que considera más necesario que nunca en la sociedad actual.
La magia del cine como evento
Para Spielberg, la diferencia entre ver una película en casa y en el cine radica en la propia naturaleza del acto. Reconoce que no hay nada de malo en disfrutar de una producción desde la comodidad del hogar —él mismo lo hace con frecuencia—, pero subraya que esta modalidad carece del «evento» que representa ir a una sala. Dedicar una noche, una tarde o incluso una mañana para asistir al cine transforma la simple visualización en una experiencia emocionante y memorable, un ritual que eleva el valor del film.

Esta perspectiva no es nueva para el director de clásicos como (1975) o (1982). A lo largo de su prolífica carrera, Spielberg ha sido un férreo defensor del formato cinematográfico, entendiendo que el tamaño de la pantalla, la calidad del sonido y la atmósfera colectiva son elementos cruciales para la inmersión total del espectador. La expectativa de la sala oscura, el tráiler que precede a la cinta principal y el compartir risas o suspiros con desconocidos, son parte integral de este «evento».
En un mundo cada vez más fragmentado por las pantallas individuales y el contenido a la carta, la visión de Spielberg resuena con una nostalgia por la experiencia compartida. Sus películas, desde el terror de hasta la aventura épica de (1993), fueron diseñadas para ser vistas en un entorno que maximizara su impacto. La tensión, el asombro y la emoción se amplifican cuando se viven en conjunto, creando una resonancia que difícilmente se replica en solitario.
Los últimos trabajos del director, como (2021) y (2022), aunque aclamados por la crítica y nominados a múltiples premios Oscar, tuvieron un desempeño modesto en taquilla. Esto ha avivado el debate sobre el futuro de las salas y cómo los espectadores eligen consumir cine. Sin embargo, para Spielberg, la calidad de la experiencia no debe medirse únicamente por los ingresos, sino por el valor cultural y social que aporta.
Una experiencia colectiva y unificadora
El cineasta profundiza en la idea de que las salas son espacios únicos donde se construye comunidad. Explica que, al sentarse en una butaca rodeado de extraños, personas con diferentes ideologías y creencias, todos se sumergen en la misma historia. Por un breve periodo, las diferencias se disuelven y se genera una comunión, un acuerdo tácito que permite a todos reír, llorar o emocionarse juntos. Esta conexión efímera, pero poderosa, es lo que Spielberg valora profundamente.
Este sentido de unidad es, según Spielberg, más necesario que nunca. En un contexto social polarizado, donde las divisiones parecen acentuarse, el cine ofrece un refugio donde la narrativa compartida une a las personas. Al salir de la sala, es común que los espectadores sigan absortos en la película, conversando sobre sus impresiones y emociones, no sobre lo que los separa, sino sobre lo que los ha unido por un par de horas. Es en esos momentos donde se manifiesta la verdadera magia del séptimo arte.
La capacidad del cine para trascender barreras ideológicas y culturales ha sido una constante a lo largo de la historia. Desde los primeros días de Hollywood, las películas han servido como espejos de la sociedad y como ventanas a otros mundos, permitiendo al público empatizar con personajes y situaciones ajenas a su realidad. (1993), por ejemplo, no solo fue un éxito crítico y comercial, sino también una poderosa herramienta para el diálogo y la reflexión sobre la historia y la humanidad.
La experiencia de compartir una película en el cine es una tradición que se remonta a más de un siglo. Desde las primeras proyecciones de los hermanos Lumière hasta los complejos multiplex de hoy, el acto de sentarse en la oscuridad con otros para ver una historia en movimiento ha sido un pilar de la cultura popular. Este ritual colectivo tiene un poder intrínseco para crear memorias y fomentar lazos sociales, incluso entre desconocidos.
El desafío de las plataformas de streaming
Spielberg también aborda la tensión entre los estudios y las salas de cine, haciendo un ruego para que las películas se mantengan en cartelera por periodos más largos antes de su llegada a la televisión o a las plataformas de streaming. Para el director, estas últimas son simplemente otra forma de televisión, y su proliferación amenaza con diluir la experiencia cinematográfica que tanto defiende. La ventana de exhibición en cines es crucial para preservar el «evento» y su impacto cultural.
La rápida transición de las películas de la pantalla grande a los servicios de suscripción ha sido un punto de contención para muchos cineastas y dueños de salas. Durante la pandemia de COVID-19, esta tendencia se aceleró, con muchos estrenos importantes optando por lanzamientos híbridos o directos a streaming. Aunque esto ofreció acceso inmediato al público, también generó preocupación sobre la viabilidad a largo plazo de las salas de cine.
La postura de Steven Spielberg no es aislada. Otros grandes nombres de la industria, como Martin Scorsese y Christopher Nolan, también han expresado su preocupación por el futuro de la exhibición tradicional. Argumentan que la experiencia inmersiva y comunitaria de las salas es fundamental para el arte cinematográfico y que su erosión podría tener consecuencias negativas para la forma en que se perciben y se valoran las películas. Puedes leer más sobre la importancia del cine en este artículo sobre la historia del cine.
La Central 24 ha cubierto en varias ocasiones cómo la evolución tecnológica ha transformado la industria, pero la esencia de ir al cine, esa anticipación y el acto compartido, sigue siendo un pilar. La defensa de Spielberg es un recordatorio de que, más allá de los avances y las nuevas formas de consumo, hay un valor intrínseco en el ritual de la pantalla grande que merece ser protegido y celebrado. Descubre más sobre las películas imperdibles de este año.
En definitiva, las palabras de Steven Spielberg son un llamado a la reflexión sobre el valor cultural y social del cine. Su visión de las salas como espacios de comunión y unificación, donde extraños comparten una misma historia, subraya la importancia de preservar esta experiencia en un mundo que necesita más que nunca puntos de encuentro y entendimiento mutuo.










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